¡Chemtrails!

Inmersos en la llamada era de la desinformación —por sobreinformación—, nos damos cuenta que cada uno de nosotros tenemos y queremos dejar patente nuestra opinión. Ya no existen noticias sino opiniones, millones de voces por minuto saturando las redes a gran velocidad. Es esta una sociedad donde, como bien señala Cristina Santos (Vila-real, 1990), nuevamente prima el término Doxa que acuñó Parménides, en el que hacía distinción entre “la verdad” y “la opinión”, y que retomó Platón haciendo hincapié en el sentido engañoso, “fenoménico” del concepto, en el que cabe tanto la vertiente dedicada a la imaginación como a la fe. Así, Santos denuncia abiertamente el suceso y la repercusión de las opiniones masivas y toma como ejemplo el de los “chemtrails” o estelas químicas, rumores o no, verdades o no, que cruzan la línea entre realidad y ficción, así como plantea la peligrosidad de no contrastar la información en fuentes fidedignas.

            ¿Podemos creer y confiar en todo lo que leemos y vemos por internet? Eso mismo se pregunta Santos, y eleva la conciencia social sobre un problema que está más presente cada día y del que muchos todavía no tienen constancia. Vivimos en un periodo de exceso y saturación en el que los internautas o usuarios están preocupados por lo que César Antonio Molina tildó de “liberticidio en Internet” en un artículo de opinión este junio de 2017. En dicho texto, Molina afirmaba: “de entre los nuevos ídolos que han ido surgiendo para suplantar a las antiguas fes se encuentran las redes sociales, producto de las nuevas tecnologías. Twitter, por ejemplo, es una fe de vida. Quien no está en Twitter no existe, yo mismo sin ir más lejos. Tuiteo ergo sum. Quedó viejo y obsoleto aquello de pienso, luego existo. La mayor parte de las opiniones expresadas en Twitter son irrelevantes y vergonzosas. Uno ya no cabe en su asombro ante semejante asamblea de sabios.” Y todo ello afecta la manera de entender y vivir la vida de las nuevas generaciones, ya que, según Molina: “Vivimos en medio de una crisis profunda y generalizada a la que no le estamos dando respuestas, y los jóvenes en su soledad se confían a la compañía de las redes sociales. Sus cerebros ya son parte de estos otros electrónicos porque no son capaces de formular un pensamiento por cuenta propia. Internet es la pereza frente al esfuerzo, internet es, en muchos sentidos, una forma de liberticidio.” Por tanto, no es de extrañar que existan personas que crean todo aquello que aparece publicado en las redes sociales, como bien evidencia la artista con estas afirmaciones anónimas: “¡Nos fumigan! Las alergias, múltiples enfermedades, el control del clima… Todo está producido por los Chemtrails, esas estelas de los aviones que en lugar de vapor de agua, como dicen, echan productos químicos tóxicos por el aire, en un plan secreto a nivel mundial para controlar a la población. Increíble pero cierto, ciertísimo, algo así leí en no sé dónde que alguien compartió en Facebook hace tiempo, créeme que es verdad.” Declaraciones que confirman lo que el escritor italiano Umberto Eco ya comentó: “Internet es todavía un mundo salvaje y peligroso. Todo llega allí sin jerarquía. La inmensa cantidad de cosas que circula es peor que la falta de información. El exceso de información provoca amnesia. El exceso de información es malo.” Desgraciadamente, hoy día la mayoría de información y opiniones que encontramos por las redes no obedecen ni están sujetos a ningún rigor científico.

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Chemtrails, Cristiana Santos

En la instalación de Cristina Santos, organizada en dos partes bien diferenciadas pero a la vez complementarias, la artista investiga y revela no sólo la difusión de todo tipo de contenido en Internet, en este caso los “chemtrails”, sino que escruta su permanencia/fugacidad o su veracidad/falsedad en la red. Santos se sirve de la fotografía digital para revelar y plasmar mediante la superposición y la asociación de imágenes la relación que el usuario establece inconscientemente entre la imagen y la idea. Dichas fotografías están acompañadas por el decálogo de sugerencias y advertencias escritas por la misma plataforma de facebook, que alerta a todo navegante de la oleada masiva de opiniones sin un criterio aparente que promueven y acrecientan la desinformación entre la sociedad, palabras que van difuminándose, perdiéndose en la red, al igual que se desvanece la estela blanca del avión en la atmósfera.

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