Luis Cruz: artista de lo absurdo, malabarista de la creación pictórica

Luis Cruz: artista de lo absurdo, malabarista de la creación pictórica

Magia y ensueño, son dos de los adjetivos que vienen a la mente tras visualizar la exposición La plasticidad aérea y el absurdo poético, de Luis Cruz. El artista vallisoletano se adentra en el Maestrazgo de Castellón bajo un mundo onírico en el que tanto el color como sus personajes se adueñan de la sala expositiva de Coll Blanc, donde contemplamos una escena única en la que tienen cabida malabaristas, animales o equilibristas que afloran del mismo cuadro apoderándose de él.
Su trabajo recuerda, visualmente hablando, al collage debido a que cada una de las figuras parecen recortadas y pegadas, creando un efecto técnico totalmente novedoso en la pintura. Aunque técnicamente no podamos hablar de collage, a nivel conceptual sí se daría el caso, más teniendo en cuenta lo que en su día dijo el artista Max Ernst: “El collage es el acoplamiento de dos realidades, en apariencia inacoplables, sobre un plano que en apariencia no les conviene”. Así pues, se podría hablar de ese tratamiento “collage” que Cruz le confiere a sus obras y que está siempre presente, como se observa a lo largo de toda su trayectoria artística.
Por otro lado, su plasticidad remite a un efecto bidimensional, plano, que transmite cierta poeticidad en el visitante, algo etéreo, mágico, de ensueño. Colores suaves –pastel–, casi aterciopelados que contrastan con los toques grises y oscuros que profesan algunas de sus obras. Luz y oscuridad. Líneas y ángulos rectos en conjunción perfecta con las curvas que profesan las figuras redondeadas.

PERFECTA ARMONÍA

Su obra se caracteriza por el equilibrio perfecto que existe y une cada uno de los cuadros en una perfecta armonía, proporcionada por los espacios neutros y vacíos, casi imposibles, donde el artista sitúa a sus acróbatas.
Posturas bizarras y caprichosas sobresalen en la profundidad de la inmensidad. La tela se torna escenario de estos curiosos personajes que copan toda la escena moviéndose libremente por doquier. En la obra de Luis Cruz no existe un punto de referencia como tal; sus pequeños comediantes, acróbatas, artistas en definitiva, vagan y flotan a través de la tela, sin un suelo o un cielo que los enmarque y los encierre. El entorno que crea es fascinante y misterioso y, en consecuencia, onírico, como si cada uno de los cuadros presentes en esta muestra fuesen representaciones e interpretaciones de los sueños del propio Cruz. Sueños que narran una inquietud por parte del artista, a la par que una vivencia. Una experiencia poética que habla de la incertidumbre en la que vivimos, de los desequilibrios sociales y económicos y los equilibrios que se deben hacer para poder salir adelante.

 ©Alejandro Mañas
                                                    Obra de Luis Cruz ©Alejandro Mañas

SIMBOLISMO // Al mismo tiempo, que trata los temas más trascendentales para el ser humano, la vida y la muerte. Como bien anuncia la escritora Renée Nevárez Rascón: “En la obra de Luis Cruz podemos encontrar nuevos simbolismos, aunque iguales en su lenguaje del misterio. Las caderas de la muerte niña, un hombre cabeza de calabazas que sopla un puñado de burbujas, tal vez de barro, como si la tierra pudiera volar; otro que podría ser un hombre-ombligo; alguno que juega con su perro, y el mundo detrás de él discurre tenue y lejano; un malabarista que se mantiene con una sola pierna sobre apenas un alambre, el imposible sostén; el hombre que flota en la levedad de las ramas de un árbol ante la presencia sin juicios de un pájaro, o una mujer hipnotizada por un mago ciego pero eficaz: imágenes de un limbo personal en el que todo es posible en sus infinitas imposibilidades. De esta forma la poesía de Cruz es tan evidente como enigmática, como somos todos en nuestra recóndita vida secreta de los sueños y los despertares”.
El simbolismo caracteriza su obra y la acerca al mundo de los surrealistas; e, igualmente, lo sumerge dentro de un universo plástico inigualable que brota del mismísimo subconsciente del artista.
Inocencia y belleza al servicio del juego, Cruz se recrea con las sensaciones que provoca intencionadamente a través de sus imágenes. Diríase, también, que el artista crea su propia realidad basada en las hibridaciones y mezcolanzas más inusuales, aparentemente ajenas, que logra que combinen y convivan dentro del mismo paraíso onírico. Lo absurdo se alza ante la cordura, la poesía se eleva por encima del discurso narrativo, así como lo irracional y emocional se antepone a lo racional. Su obra habla de él y del entorno en el que vivimos todos, no es ajeno ni distante, sino todo lo contrario, nos es familiar; solo debemos prestar atención al significado que se esconde en cada una de las escenificaciones circenses que Cruz representa para nosotros. Una puesta en escena libre y arbitraria para los tiempos que corren. Sin duda, se invita a la reflexión, pero, sobre todo, a disfrutar de la poeticidad artística de cada una de sus obras.

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