Introspección espiritual: Alejandro Mañas

Fotografía de Alejandro MañasHace años que sigo la carrera de Alejandro Mañas García y nunca deja de sorprender su capacidad de trabajo y su inquietud artística. Artista generoso a la par que profesional, Mañas presenta en Coll Blanc un trabajo meditado, que ha crecido con él; un día a día que plasma en esta exposición que titula Internum Silentium (Silencio interior). Sincero y espiritual, Mañas plasma un proceso de investigación, tanto a nivel profesional como personal, que no duda en compartir. Se trata de un diálogo interior que simplifica y exterioriza a base de colores y texturas. Obra aparentemente simple que esconde un complejo trasfondo. Colores contrarios pero complementarios, como el blanco y el negro a los que dota de movimiento circular. Brillos plateados y negros satinados que contrastan con colores mates y otros fluorescentes. Esculturas al más puro estilo conceptual y minimalista donde lo terrenal y lo sagrado conviven gracias a elementos orgánicos –como la piedra– y los artificiales como tubos fluorescentes de luz, tal y como observamos en Tractus Spiritual et transcendens (2014). Todo ello crea una atmósfera que nos recuerda a las obras de los artistas norteamericanos Dan Flavin (1933-1996) y Carl Andre (Massachusetts, 1935).

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Este diálogo entre lo terrenal y lo sagrado se observa, por ejemplo, en una piedra que ha sido creada pero a su vez iluminada y pintada por un hombre. Asistimos a un momento en que las sensaciones, las emociones y las palabras brotan y te transportan a otro nivel, al sustrato más íntimo de cada uno de nosotros, un lugar donde se esconden y se guardan desde los miedos y secretos más oscuros a los recuerdos más felices. En otras palabras, es un tiempo de pensar en uno mismo, de mirarse en el espejo y descubrir qué vemos reflejado en él. Mañas, por tanto, nos invita a meditar y nos proporciona las herramientas necesarias, desde una proyección de vídeo (Extasis II) a una instalación o a dibujos como los de su serie Romae spiritualis (2004); pinturas como el tríptico Ubi ipri visum fruit I, II III (2014) y esculturas como Contemplatio I (2014).

El artista no duda en mostrar su búsqueda y los distintos caminos por los que ha andado hasta encontrar la forma perfecta con la que comunicarse. Su mayor deseo es experimentar, sentir, hablar y emocionarse. Creativo insaciable no descarta ningún medio de expresión, recoge y utiliza cualquier objeto que encuentra y lo transforma en un elemento artístico capaz de revelar una sensación que permanecía dormida en su interior.

Despierta curiosidad y asombro, y enseña que cualquier objeto y color puede llegar a ser espiritual –solo necesita ser escuchado u observado, contemplado–. Todo depende del tratamiento que se le quiera dar, de modo que sus obras son un fin en sí mismas, son el medio, el conducto, el nexo de unión con ese mundo místico en el que Alejandro se encuentra sumergido.

Dualidad

Naturaleza y religión, lo terrenal siempre ligado al ámbito de lo sagrado, conviven en la obra de Mañas. Una no puede darse sin la otra. En una sociedad en la que se premia y se aboga por la deshumanización y la alienación, el castellonense construye un pequeño templo donde sentirse(nos) libres y cómodos para interiorizar y respirar, tomar aliento y analizar nuestro propio yo. Aquí y ahora, lo que señala es que las cosas y situaciones no deberían tomarse a la ligera, que se está perdiendo la capacidad de meditar, de tomarse tiempo para conocerse y comprenderse, de tener conciencia y valorar los pequeños momentos.

Detallista, cercano y bondadoso, Alejandro Mañas evoluciona cada día, como su trabajo. Trabajador, se ilusiona y se sumerge en varias obras simultáneamente, produce por intuición pero también como resultado de un largo estudio. Religioso y apasionado de la literatura sacra, respeta el recogimiento y el silencio como el que más. Silencio que valora y pide para poder meditar y del que nacen sentimientos y sensaciones encontradas y que transmuta en arte.

Con todo, esta es una exposición que rezuma positividad y esperanza a que con su legado artístico el publico se conciencie de que no debemos dejarnos arrastrar por la velocidad de los tiempos que corren y que no nos deja percatarnos de quién tenemos al lado y más nos necesita. Alejandro Mañas inquiere espiritualidad: “Si todos fuéramos espirituales, veríamos que todo es amor y el amor es lo que nos conecta a todos”.

No hay que temer lo desconocido, hay que experimentar y vivir la vida pero siempre siendo consciente de lo que está bien y de lo que no lo está. La belleza reside tanto en lo bueno como en lo malo de las cosas, solo hay que saber buscarlo. No es cuestión de juzgar y ocultar lo negativo y oscuro sino de asimilarlo y convertirlo en una experiencia positiva. Se trata de valorar y atesorar el silencio como instantes fugaces que dedicar a la meditación.

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