Un clásico atemporal, monstruo atemporal…

descargaEn esta nueva edición, muy cuidada de Sexto Piso, sorprenden las ilustraciones del artista e ilustrador Lynd Ward (1905-1985)  en la que se plasma una nueva visión del moderno Prometeo, Frankenstein, a través de la serie de grabados en madera que en 1934 le dedicó a esta mítica historia. Ward revela en ellas a una criatura terrorífica y temible pero a la par patética y desolada; todo ello, gracias al dominio de la técnica, al más puro estilo del expresionismo alemán combinados con matices típicos del denominado ‘art déco’. Considerado uno de los padres de la novela gráfica, el estadounidense logra captar a la perfección la dicotomía que se establece a lo largo de toda la novela, una tensión tangible entre lo humano y lo humanamente posible. Ward refleja la complejidad de una criatura que se rebela contra su padre, perdido en un mundo al que resulta ajeno. Estas imágenes dejan patente cuánto influyeron en el campo cinematográfico gracias al tratamiento de los claroscuros y a una perspectiva totalmente atípica para la época.

La famosa obra de Mary W. Shelley nació de un juego propuesto por Lord Byron en la que escritores de la talla de Percy Bysshe Shelley o John William Polidori y la propia Mary W. Shelley tenían que relatar una historia de terror. Considerada una de las mejores novelas góticas de todos los tiempos, precursora de la denominada ciencia ficción, narra una historia de terror que encierra un gran trasfondo filosófico. Shelley desarrolla una interesante reflexión sobre la naturaleza del ser humano y los límites que nos circundan, plantea un dilema moral entre el bien y el mal, y, sobre todo, hasta qué punto el ser humano puede jugar a ser dios. Victor Frankestein, obsesionado por dar vida a la materia inerte, logrará saciar esta inquietud que se convertirá en su mayor orgullo pero también en su mayor tragedia, un viaje sin fin en la búsqueda exasperante del monstruo que busca vengarse de su creador. Este moderno Prometeo representa la osadía de los hombres de hacer o poseer las cosas divinas, prohibidas a los simples mortales.

En esta edición resulta especialmente interesante el epílogo de la famosa escritora norteamericana Joyce Carol Oates, en el que desvela uno de los secretos que ayudan a explicar su éxito: “el placiente, incondicional, absolutamente leal y profundamente humano amor del demonio por su irresponsable creador”.

En definitiva, esta es una obra atemporal que revela frases inolvidables como: “¿Acaso soy yo el único criminal cuando toda la humanidad ha pecado contra mí?”

 

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