Nueva concepción e identidad femenina

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NINES

Galería Cànem, diciembre 2012, Castellón

Las muñecas, aunque suene un tanto extraño, están consideradas hoy día como objetos de culto. Hay grandes coleccionistas de muy diversa índole. Para muchos de nosotros existe cierto sentimiento de añoranza, de recuerdo de una época muy concreta de nuestra vida, la infancia. La exposición ‘Nines’, sin proponérselo, consigue que la mujer vuelva a su niñez y recuerde con anhelo esa época en la que casi todas tenían una de esas figuras, aunque simultáneamente sea consciente del paso del tiempo.

La distancia que se establece entre el objeto de estudio y la madurez obtenida por la mujer con los años hace que esta muestra presente a la muñeca como un objeto desconocido y totalmente ajeno, ya que aparece de forma novedosa alejándose de esa concepción surrealista de la muñeca-objeto, al igual que se aparta de los enfoques freudianos en esa relación mujer/objeto/muñeca.

Las artistas de ‘Nines’ piensan que la muñeca, tal y como la conocemos –como objeto–, es incapaz de hablar, es decir, son inertes e inútiles y suelen relacionarse con la “mujer-florero”, reflejo y ejemplo de sumisión y objeto sexual.  Aquí es todo lo contrario.

La colombiana Alejandra Alarcón aborda el tema a través de sus propias vivencias, además de centrarse en el mundo de los cuentos, esos mundos de fantasía, alertándonos de lo que hay detrás de esos relatos supuestamente “inocentes”. Laura Ambrosi, por el contrario, transporta y sensibiliza al espectador a través de diversas pieles, realizando una denuncia social de los atentados contra las mujeres. Para ello, la italiana se sirve de aspectos plásticos de la propia materia, en este caso en concreto, del metacrilato, con un gran sentido de instalación se basa en el lenguaje escultórico. La ligereza del material también nos ayuda a comprender la fragilidad de la femineidad y la incertidumbre que se vislumbra en su futuro.

Mar Arza sorprende con una pieza videográfica, una hamaca, y la sutileza de unas vainas vegetales pintadas con pan de oro que relevan una serie de palabras, que completan y dan forma a la metáfora del tríptico que presenta. El personaje “ibsenniano” de Nora que introduce en la composición está en la base del trabajo que recoge el gesto significativo de salida de una situación heredada y rígidamente establecida –como viene siendo jugar y tener muñecas–, para simbolizar el despertar de una nueva conciencia de sujeto activo, de emancipación o lo que podríamos considerar la voluntad de cambio de muñeca a mujer.

La castellonense Pilar Beltrán se centra en un personaje real, Sandra, que relata su vida reciente, a través de un tríptico, donde refleja los cambios y pérdida de identidad femenina a consecuencia de las guerras, tomando pasaportes y fronteras como metáfora. Marta Espinach, a raíz de sus últimas investigaciones sobre los cuentos, realiza una especie de escenificación en la que realiza una introspección observando desde el interior los misterios que esconden los relatos. Por su parte, María Llopis quizás sea la artista que más llama la atención, al tratarse de una activista, queer y post-pornográfica. Ella misma se representa saliendo de un cuento, desvelando el carácter verdadero del personaje que se esconde edulcorado por la tradición. Llopis se sirve de la provocación para desarrollar una visión alternativa de la identidad sexual y de género, siempre partiendo de un fuerte posicionamiento político-feminista. La argentina Cecilia Mandrile se adentra en el mundo infantil desde una perspectiva totalmente diferente, como por ejemplo, de cómo la envoltura del bebé puede crear un ser supuestamente mutante que requiere de nuestra atención y comprensión.

Joaquina Moragrega seduce con unos dibujos muy atractivos que empujan al espectador por los agujeros negros de la narración entre las muñecas inocentes. Finalmente, Irina Novarese, con su pieza de cerámica oval blanca, simboliza el número de mujeres muertas en Italia durante el año 2012. Para dicha escultura utiliza la misma cerámica que se emplea en las tumbas para representar a todas las difuntas.

Cànem sorprende con una exposición colectiva donde cada una de las artistas desarrolla su propia “muñeca”. Podría decirse que juegan a construir una nueva concepción e identidad femenina. Todas ellas vienen de culturas distintas, de modo que aportan una visión multidisciplinar que se contrapone y complementa, creando así, un espacio mágico bajo un aura infantil que contrasta con la manera tradicional de abordar el tema.

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