‘Mística espiritual’. Entrevistando a Alejandro Mañas García…

Las telas de Alejandro Mañas  García son un proceso en sí, un estado, un reflejo sin una referencia directa al mundo percibido visualmente, es decir, son paisajes místicos, propios del ser humano interior. En sus obras podemos apreciar cómo el artista se sumerge en un estado de éxtasis místico en busca de nuevas experiencias estéticas, que enriquezcan su propio yo.

Alejandro crea su propia realidad: paisajes pictóricos cuya tensión formal proceden del contraste entre los espacios vacíos y silenciosos y las configuraciones dotadas de forma, entre lo positivo y negativo, entre azar y orden, libertad y control, realidad y ficción. Algunas de sus obras son totalmente enigmáticas, que se escapan de una explicación racional, aunque parecen aportar el testimonio de existencias vividas en un pasado lejano. Da rienda suelta a lo improvisto de las materias, libera el lienzo a través de manchas que se guían por el azar y la aleatoriedad del gesto, rechazando de algún modo el dibujo y el control minucioso de la concepción pictórica tradicional.

Dicho esto, ahora que tenemos la oportunidad de saber un poquito más de este joven artista vamos a aprovechar la oportunidad de entrevistarlo.

¿Listo?

Pregunta: ¿Qué te empujo a querer ser artista?

Alejandro Mañas:  Dibujar y pintar es una constante en mi vida desde pequeño. Mis padres suelen recordar, a menudo, cuando me iba de viaje con ellos, y me cuentan cómo me encantaban las iglesias, y sobre todo los santos. Otra de mis aficiones de infancia era la de jugar con el barro y realizar pequeñas construcciones, entre otras cosas porque me obsesionaban los juegos de lego –me podía pasar horas y horas montando piezas, experimentando con nuevas formas, estructuras y composiciones, que paradójicamente siempre eran abstractas–.

Siendo joven decidí, y soy consciente de ello en todo momento, dedicar mi vida al arte, a pesar de las posibles consecuencias y fueran las que fueran las circunstancias. Desde ese preciso instante he luchado siempre por aquello en lo que creía. Empecé mi formación artística siendo un adolescente todavía, realizando cursillos en Ávila, para luego realizar el bachillerato de artes plásticas y completar mis estudios universitarios con la licenciatura de Bellas Artes y el Máster en Producción Artística de la Universidad Politécnica de Valencia, donde actualmente estoy realizando el Doctorado. Otra de las circunstancias que me encaminó hacia el mundo del arte fue el descubrimiento de Antonio Saura, uno de los artistas que más me  impactó, y que descubrí en la Fundación Antonio Pérez.

El arte para mí es una forma de vida. La creación y la investigación son ya necesidades que conforman mi vida.

P: Los que conocemos tu obra, sabemos que la fe es un punto fundamental. ¿Por qué? ¿Te consideras una persona religiosa? ¿Sientes que la religión y tu fe te mueven a la hora de crear?

A.M: Lo que busco en la obra es una relación íntima y única. Busco el amor absoluto, la mística, la espiritualidad. Esto es un camino de comprensión, de entrega, de intimismo, del cual se desprende ese amor del que hablo.  Por eso, cuando monto una exposición intento que el lugar se convierta en una capilla de reflexión, creo un clima para ese diálogo de amor absoluto, como una capilla que invita al recogimiento y la contemplación.

Por otro lado, me considero católico y mi fe me ayuda muchas veces a preguntarme cuestiones y a ser mucho más humano. Estas preguntas  me despiertan  sentimientos y experiencias muy difíciles de definir. Por otro lado, me interesa el campo de la mística, un campo muy universal para todas las religiones y las cuestiones de la vida, ciencia… Es la forma universal de la voluntad que está unida a las emociones en un apasionado deseo de trascender el mundo de los sentidos, con el fin de que el ‘yo’ pueda unirse al único objeto último y eterno del amor.

Para mí, la fe es muy importante, pero también tengo como religión “el arte”. Dentro de mis creencias los santos místicos son mis grandes inspiradores, con su literatura, su amor y oración me han enseñado lo que llaman “acto de unión”, mezclarse, ser uno con el objeto encontrado y aprender de su propia realidad; lo que llamaríamos en teología, el conocimiento del espíritu humano, lo divino y, que es capaz de la inminente comunión con Dios, de la pasión personal.

La verdad es que no me gusta cerrarme, es decir, hablo mucho sobre el misticismo, pero éste está abierto, lo encauzo no solo con la religión sino que lo aplico a la vida cotidiana, Es más,  veo mucha relación con lo que ahora denominan la modernidad líquida, me encanta este concepto así como me encanta la incertidumbre de todo. También trabajo con otros conceptos como la neurosis, que conecta a la perfección con  mi obra. Me gusta saber qué es lo que le pasa a mi mente durante el desarrollo del proceso creativo.

P: ¿Qué colores crees que se identifican más con tu trabajo?

A.M: Los colores con los que se identifican mis trabajos son el rojo, que simboliza el amor ardiente; el amarillo, que hace referencia simbólica a la luz, la llama viva y la espiritualidad; y, por último, el negro, que para mí es un color muy especial, al que le encuentro una poética inmensa, la oscuridad, donde ya que detrás encierra siempre un mundo fantástico –como la otra vida, la luz e, incluso, un mundo paralelo–. Estos colores también hacen referencia a la representación de las vías místicas: el blanco, el negro y el rojo. Todo esto es el resumen de las investigaciones que han sido resultado también de la figura emblemática del Éxtasis de Santa Teresa, ya estudiada en el arte y a la que estoy dando una nueva lectura contemporánea, en concreto en la representación que se encuentra entre el placer y la muerte, donde todo el cuerpo se hace partícipe de esta experiencia, donde sólo se le deja ver al espectador parte del rostro, un rostro contrastado muy fuertemente con la luz, que nos recuerda a los cuadros del Siglo de Oro y al tenebrismo, donde el rostro se funde sobre la superficie. Lo que podemos llamar la sumisión del alma. Es la síntesis abstracta de una compostura que nos describe Víctor Stoichita, “los ojos están elevados al cielo, donde parecen estar sometidos para descubrir lo que el alma no puede conocer. La boca está entreabierta, mostrando las comisuras algo elevadas, lo que testimonia una especie de arrobamiento”.

También me gustaría añadir que en mis últimas obras realizadas estoy incorporando el rojo y amarillo fluorescente. Luz exaltada en la que incorporo una mandíbula de caballo, una calavera de cabra, cuatro pinturas monocromas y tres dibujos sobre papel. La serie se titula ‘Amor fluorescente’.

P: Todos los que nos dedicamos al mundo del arte tenemos uno, dos o más artistas a los que admiramos, a los que nos gustaría conocer o tener el honor de poder trabajar conjuntamente. ¿Qué artista/as admiras o crees que te influye a lo hora de trabajar?

A.M: Darío Villalba sería uno de los artistas que me encantaría conocer al igual que a Richar Tuttle por su proceso creativo y su forma de trabajar e incluso por el resultado. Ellos nos hacen ver una espiritualidad plena, casi mística, trabajan los conceptos que se acercan a mi estudio.

También me hubiera gustado haber conocido al gran maestro Cy Twombly y a Mark Rothko.

P: No puedo estar más de acuerdo contigo, Cy Tombly y Marck Rothko son mis debilidades,  pero seguro que hay más, ¿nos puedes decir algún otro?

Otros de los artistas a quien también admiro son Pedro Cabrita Reis, quien incorpora la luz a su obra; diría que  su obra busca la esencia de una cierta espiritualidad. Y a Arnulf Rainier, por su tratamiento de la obra como resultado del dolor, de mártir y de trascendencia.

Y por último dos artistas que incorporan el discurso literario de santa Teresa de Jesús como Bernardí Roig y Marina Abramovic.

P: ¿Cómo trabajas en el taller? ¿Qué disciplina usas a la hora de trabajar? Te lo pregunto porque hay muchos artistas a lo que no les gusta trabajar encerrados en un taller o necesitan mucho espacio o prefieren trabajar durante la noche, etc. Nos explicas ¿Cuál es tu secreto?

A.M: Tengo la suerte de tener mi estudio al lado de mi casa. Voy y vengo, reflexiono, me encierro en mi biblioteca personal y leo, investigo… Lo que quiero decir con ello es que esto me posibilita pintar, crear, construir y desarrollar ideas en cualquier momento.

Es verdad que no necesito crear siempre en el estudio. En el coche siempre tengo folios, ceras, lápices y tinta en el maletero. Nunca se sabe con lo que te puedes encontrar, o donde puede surgir una idea, como puede ser en un viaje por tierras de castilla, o tras una conversación con un amigo.

La verdad que me encantaría tener recursos económicos para tener un gran y amplio estudio, ya que soy una persona muy productiva y trabajo con varios proyectos a la vez. ¡Mi estudio se me queda pequeño! Cuando creo, realizo grandes despliegues, lleno el estudio de papeles para trabajar simultáneamente a la vez, soy un artista al que le gusta trabajar con las series y con muchas disciplinas. Pero la verdad, y sinceramente, donde me encantaría crear y tener como estudio es en una capilla gótica, tener mi propia iglesia.

 P: Si tuvieras que describir tu obra con tres palabras ¿Qué nos dirías?.

 A.M: Mística, espiritualidad y dolor.

P: Es indiscutible a mi parecer que la experiencia de uno mismo, así como las circunstancias que nos rodean afectan directamente en la expresión artística. Tu obra en particular, es un referente continuo a tu persona. ¿Te consideras parte integrante de la misma?

A.M: Sí, mi obra es un diario personal de mi persona, me veo reflejado. Creo que me describe, que mi obra cumple ese propósito. Es como un documento que me define. Además, inmerso en la sociedad actual que nos toca vivir, creo que también es una fuente del momento que vivimos de nuestro tiempo. La defino como un archivo cartográfico emocional.

P: A modo más personal, ¿en qué institución, fundación, galería o museo te gustaría que expusieran tus obras?

A.M: Me encantaría exponer en muchos lugares, primero empezaría por la Fundación Antonio Pérez, esta fue la culpable de mi vocación como artista, ha sido mi inspiración. Y cómo no, me gustaría exponer en el MNCARS, entre muchos otros museos nacionales e internacionales. Aún soy muy joven y con el tiempo todo puede pasar. Todavía me quedan por vivir muchas experiencias. Todo llegará.

P: Vamos a ir concluyendo, pero antes siempre quisiera saber si como ‘padre’ de tus creaciones te cuesta separarte, deshacerte de ellas cuando alguien se interesa por ellas y está dispuesto a comprarlas.

A.M: Siempre recordaré mi primera venta de una escultura de resina llamada “La piedad”  a una coleccionista de Castellón. Desprenderme de aquella pieza me dolió mucho. Solo me queda una fotografía de la obra. Pero también, la ilusión de la venta, el ver que has llegado a una persona a través del arte es muy grande, esto hace que luches por lo que crees y encima tienes como respuesta el apoyo de un anónimo/a. Por eso siempre me gusta saber donde están mis obras y tenerlas documentadas, como ha sido el caso de las últimas adquisiciones  de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), en el Centro cultural de España en Tegucigalpa, en la Embajada de España en Honduras. Allí puedes encontrar dos obras mías que han pasado a formar parte de su patrimonio cultural.

P: Ahora si, última pregunta, cuando te encuentras sumergido en el proceso creativo ¿Cómo sabes si será una pintura, una escultura, una fotografía o un vídeo? ¿Con qué disciplina te sientes más identificado o más cómodo trabajando?

A.M: Nunca sé el acabado, siempre soy consciente de con qué empiezo. Todo es el resultado del juego de la investigación, del proceso creativo. No es la primera vez que al pintar un cuadro sobre algún concepto, éste haya terminado como pieza final en una escultura o a la inversa. Esto es lo enriquecedor del proceso creativo, de la experiencia y del conocimiento.

Me considero un artista visual, y con ello toco todo los palos, desde una fotografía, escultura, pintura o un videoarte. Pero tengo que decir que con lo que más cómodo me siento es con la obra realizada en papel, me gusta mucho su tacto, incluso más que con la tela. El papel me permite hacer centenares de obras, dejar marcada la huella, dejar el instante de una pasión, un sentido, una vivencia, me da mucha libertad, ya sea con un pincel, con un lápiz, con acrílico, óleo o incluso a través de una fotocopia de mi rostro impresa en este soporte, que a su vez me permite experimentar sobre ella misma con un grafismo, una marca o intervenirla con un objeto. Me apasiona desfigurarme la cara, enmascararla, luchar con ella, muchas veces imprimo unas 100 fotocopias que cuelgo en la pared y me enfrento con ellas a través de un lápiz o pincel o con lo que encuentro en mano.

 

 

 

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1 Comment

  1. cada día soy mas consciente de la realidad que me rodea en mi búsqueda de amor y pasión por el arte, por lo cual me siento plenamente satisfecho por esa realidad y con todo aquello que están emocionalmente implicados en ello

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