Manuel Rey-Fueyo: Azar evaporado

MANUEL REY- FUEYO

Galería Cànem, Febrero 2012, Castellón.

Las pinturas de Manuel Rey-Fueyo aproximan al espectador al borde del abismo, en un punto abstracto  y nebuloso, sin principio ni fin. El público se adentra en una atmósfera cargada de misterio, donde parece que el tiempo se haya congelado. Se podría decir, por tanto, que el verdadero protagonista de la exposición es la incertidumbre, la duda, así como la ambigüedad que se esconde tras lo posible e imposible. Cada una de las obras del artista asturiano emana misticismo. Sus pinturas se originan gracias a un punto de inflexión, es como si se crease una fisura que deja traspasar la luz que se abre camino rasgando el halo enigmático que circunda toda su obra.

En la exposición ‘Cal.ligrafies de l’instant’ que acoge la galería Cànem el visitante tiene la oportunidad de crear –subjetivamente hablando– sus propias imágenes dependiendo, claro está, de la imaginación y la creatividad que cada uno posea. La radicalidad que se filtra en sus trabajos puede traducirse en la autoexigencia rigurosa –por parte del artista– si reconocemos el hecho de que cada una de sus pinturas es fruto de una acción caligráfica, llena de silencios rotos, de búsquedas frustradas, de abandonos, de tiempos de espera… Sin duda, durante el recorrido por la sala nos damos cuenta de la tensión latente que existe en la obra pictórica de Rey-Fueyo.

En sus lienzos el azar se ha evaporado, el resultado final, al igual que el título de la exposición, responde a las caligrafías del instante; en este sentido es, más bien, una manifestación, una revelación que tiene el artista para con su obra. Por eso, cuando observamos con atención  sus cuadros decubrimos nuevas formas orgánicas en continua evolución. El lienzo se transmuta en una radiografía de un ser corpóreo turbador, que preludia el nacimiento de algo nuevo, que todavía no se ha formado y no tiene un fin determinado. De este modo lo interno y lo externo, de igual modo que lo orgánico e inorgánico, conviven entre dos universos contrarios –oscuridad y la luminosidad– que afloran en gran parte de sus obras.

 ¿radicalismo?

La belleza que inspira Rey-Fueyo en sus obras se extrapola –en palabras de J. F. Fandos– “con la postura radical e íntegra de todo aquel que no ha renunciado a la belleza, una belleza feroz y absorbente, dominada por una depuración formal que dota a sus lienzos de una aparente simplicidad y un envolvente misterio”. Las imágenes que contemplamos durante la muestra nos inundan –paradójicamente– de un vacío emocional, de soledad, de silencio, que nos paraliza sin saber muy bien cómo afrontarla.

A diferencia de otros coetáneos, las obras del artista muestran deliberadamente la fragilidad intrínseca que habita en nosotros.  Según las filosofías de la existencia, estas arrancan de una llamada “vivencia existencial”, que es entendida por los existencialistas: como fragilidad del ser. Íntimamente relacionado con la vertiente más pesimista, en la que se interrelaciona la fragilidad del ser con el camino anticipado hacia la muerte, con la sensación de hastío generalizada en nuestro día a día e, incluso con la repugnancia que sentimos a veces hacia el mundo, en definitiva, todo se resume al estado de incertidumbre en que vivimos.

Si el ser humano es pura subjetividad, es decir, puro despliegue de su capacidad creadora, de su capacidad de ser para sí mismo, de su propio hacerse, de su “existir”, podemos decir que se crea libremente a sí mismo. Así, Rey-Fueyo plasma su propia libertad en cada uno de sus trabajos. Sin embargo, a pesar de la subjetividad del artista, la obra nunca permanece encerrada, sino que se halla esencial e íntimamente vinculada al mundo y, en este caso en concreto, con los visitantes de la exposición. Así pues, entre lo real y lo irreal, entre lo posible e imposible, la existencia de su trabajo deviene “co–existencia” gracias a la aportación intrínseca del público.

En definitiva, Manuel Rey-Fueyo induce al espectador a que se aventure a mirar más allá del propio cuadro, incluso a alejarnos de nosotros mismos para lograr la comunión perfecta entre el espectador, el artista y su obra.

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