Mar Vicente: Azul y verde sobre rojo

MAR VICENTE

Galería Coll Blanc, Julio 2011

“El espacio real es intrínsecamente más poderoso y específico que la pintura en una superficie plana. Obviamente, lo tridimensional puede adoptar cualquier forma, regular o irregular, y puede establecer todo tipo de relación con la pared, el suelo, el techo, la habitación o habitaciones y el exterior, o no establecer ninguna en absoluto. Puede utilizarse cualquier material, en su forma pura o pintado.”  Donald Judd

La obra de Mar Vicente nos evoca el espíritu más primario del arte minimalista que acuñó el filósofo Richard Wollheim en la década de los sesenta. Su trabajo posee una simplicidad libre de detalles redundantes, devolviendo así la percepción a los requisitos básicos como el punto de vista y la iluminación, dejando aparentemente a un lado cualquier tipo de valor asociativo, ya sea simbólico o intelectual. Aunque, paradójicamente, suelen utilizarse muchas palabras para hablar de lo que no necesita palabras.

El minimalismo destaca por ser un arte que rechaza el contenido, por lo que no puede ser un arte formal; podría decirse que su verdadera razón de ser se disfraza tras la relación entre el espectador y el objeto.  A lo largo de su trabajo, vemos cómo pasa del tradicional plano bidimensional a la tridimensionalidad para que el espectador experimente un cambio en el punto de vista, y de igual manera variar lo observado.

En Azul y verde sobre rojo Mar Vicente alcanza lo que Merleau-Ponty definió como ‘geometría y presencia’ puesto que su obra actúa entre la fisura que se abre entre el  conocimiento y la experiencia que posee y adquiere el público.

Un punto fundamental a destacar en su trabajo es que se vale de los mismos soportes convencionales pero los coloca perpendiculares a la propia pared, crea sub-espacios o mini-espacios dentro del mismo espacio, es decir, utiliza el espacio determinado para convertirlo en un ‘espacio pictórico’. Ella misma afirma que su trabajo no se trata únicamente de superficies sino de espacios, el soporte es la pared al igual que lo puede ser una columna o una esquina. La forma y el espacio se complementan, la pared deja de ser pared para pasar a formar parte activa e integrante de la obra. Así pues, crea un repertorio de lúcidas superposiciones y disoluciones de ángulos, de barreras y espacios luminosos, que interactúan de forma directa con el espacio privilegiado con el que cuenta la galería Coll Blanc.

La producción de Mar Vicente se caracteriza por un espacio diáfano, de colores, frío y cálido simultáneamente, con fuerza, pureza, rigurosidad y precisión. Su obra desarrolla y alcanza el triunfo de los sentidos sobre un sistema ascético. Sus formas primarias, principalmente cuadrados, se disponen en serie en módulos abiertos o cerrados, creando una impresión óptica que nos remite a una perfecta discordante armonía. Por otro lado, la armonía que procesan sus obras se condensa en la forma básica en sí misma.

Vicente nos ofrece un contraste con la confusa y fugaz visión del mundo tal y como se presenta, nos invita a reflexionar y a ralentizar por unos instantes el nivel de percepción al que estamos habituados. La artista utiliza la palabra ‘efectiva’ para referirse a su obra y, ciertamente, es real y verdadera, a la par que completa., puesto que aúna pintura, escultura y arquitectura mediante sus composiciones de colores y sus juegos volumétricos que interactúan con el espacio, destacando un área limpia, simple, diáfana y minimalista gracias al impecable tratamiento de luz que reciben sus obras

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