Enric Mestre: espacios sosegados

ENRIC MESTRE

Galería Coll Blanc, Espai d’art, Mayo 2009, Castellón.

Enric Mestre (Alboraya 1936), es un gran desconocido para mucho de nosotros, gozando de un mayor reconocimiento como artista fuera de nuestras fronteras.  Miembro de la International Academy of Ceramics, Mestre es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia; perito técnico, y artístico por la Escuela de Cerámica de Manises; y graduado en Artes Aplicadas especialidad Cerámica de la Escuela de Artes de Valencia. Ha pronunciado conferencias por todo el mundo; y actualmente comparte sus actividades creativas con la enseñanza, como director de la especialidad de Cerámica en la Escuela de Artes y Oficios.

En su estudio, en medio de la huerta de Alboraya, construye esculturas cerámicas de forma constante desde hace muchos años, influenciado, inevitablemente por su entorno, la huerta valenciana.

La forma de trabajar de este artista es muy original, ya que en su taller, posee espacios para la elaboración de sus propias arcillas, de las planchas o placas, construcción de las obras, laboratorio y tratamiento de la superficies, zona de hornos y por último, una biblioteca y una sala de exposiciones. Al contrario de lo que muchos puedan pensar, Enric, es un artista, dedicado a la investigación de su gran pasión, la cerámica. La cual reivindica como disciplina artística 100% creativa.
En su trabajo, utiliza materiales como el gres, óxidos, pigmentos, engobes y esmaltes cerámicos satinados cuyas recetas él mismo ha elaborado y perfeccionado durante más de 30 años de dedicación; emplea en el acabado el bruñido y el raspado en la arcilla, la aplicación del color a pincel y la cocción a alta temperatura generalmente en atmósfera reductora.

Todo en la obra de Enric Mestre está concienzudamente sopesado y pensado. Cada una de sus esculturas está concebida como un gran proceso de elaboración -un trabajo plástico e intelectual- que ha partido de una sólida formación artística.

Sin embargo, su bagaje cultural y su dedicación a la investigación, no le ha hecho valorar menos el conocimiento de la técnica y el trabajo en el taller; en el cual, éste artista ha volcado toda su energía y tiempo prestándole una gran importancia a cada parte del proceso, como medio inseparable para conseguir su propia meta.

Primero estudia y sopesa el equilibrio de la forma; después viene la ejecución impecable: riguroso cortado de las planchas de arcilla y el perfecto ensamblado en la construcción del volumen cuando la forma elegida así lo requiera; para finalmente con el acabado de la textura, aplicar el tratamiento pictórico que el fuego rebelará y fijará de modo permanente.

En general, lo que Mestre hace para que su obra sea distinta y  tan especial ante nuestros ojos, es su capacidad para transmutar la esencia de la pureza de sus volúmenes: iluminándolos o proyectándolos en un ambiente de penumbra, por medio de un tratamiento pictórico que, sin dejar de ser cerámico, se aúna  a las cualidades de la pintura al óleo a base de veladuras. Valiéndose de la geometría de la forma, sobre todo en los últimos diez años, adquiere una nueva dimensión y profundidad mediante la ilusión óptica que  transfigurará a las formas. En esta parte del proceso, nuestro pintor-ceramista, capta una atmósfera de iluminación que solamente le es revelada en toda su complejidad después de la cocción; por lo que debe enfrentarse al reto de la memoria en cada una de sus obras.

Si Mark Rothko consiguió llevar el espacio a sus cuadros desde lo escueto y por medio de bandas de color temblorosas, Enric Mestre, lleva sus colores al espacio con la misma sensibilidad, aportando a su espacio una nueva profundidad imaginada, a través de la ilusión de nuevas perspectivas, argumentadas por la elección de la tonalidad y los matices precisos, en el lugar y la dimensión que considera más oportuna. Dotando de este modo, de equilibrio a la obra.

En su trabajo, la tensión de las formas se define en las aristas, así como, la profundidad se adquiere por el uso puntual y preciso del color. El negro y el blanco en la masa de arcilla, ambos con todos sus matices, en manos de este escultor cerámico modifican su perspectiva con el empleo de un cuadrado azul, con una franja bronce, con espacio delimitado en ocre, rojo, blanco velado… Es también, a través de la tonalidad, además de en la forma, donde Mestre descubre cualidades táctiles. Que emplea dentro de un mismo cuerpo -como piel y textura- , para establecer contrastes entre el tacto suave y rugoso.  Por lo que, las cualidades que Enric Mestre posee, tanto como pintor  como por escultor, se desarrollan de un modo inseparable.

 «El color de mi obra viene dado, una vez la pieza está cocida, tras un meditado diálogo con la materia, con los espacios. Ella sugiere y yo busco su color, sus tonos, sus luces y sombras definitivas»

Con todo, su obra es segura y viene cargada de fuerza y dramatismo, de calma y serenidad, llegando incluso a provocar en el espectador curiosidad ante su gran misterio.

 

 

 

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